CARAPO: ENCANTO DE ORGULLO
Davidquichua.blogspot.com
El pueblo en la que nací, Carapo, situada en la provincia de Huancasancos de la región de Ayacucho, esta en una quebrada del quechua peruano, es célebre por su espíritu católico y su belleza geográfica, por sus paisajes acogedores y el encanto de su clima abrigador. Es fresca sus mañanas, cálido sus días y sus tardes es con suave viento. Además es la tierra protegida por sus celosos wamanis: el willkarama, el kano y el chuququ, cerros elevados que mantienen en sus profundidades el verdor de sus campos, sus árboles frutales, sus ríos; el qillumayu y el hatunmayu que atraviesan por los huaycos silenciosos dando su encuentro en el Paqchapunku, una catarata donde sus noches son bulliciosos, por las penas de sus almas desaparecidas y de allí desde este tincuq fluyen las aguas unidas por los senderos abiertos, formando en el lejano curvas torrentosas que se va perdiendo a lo lejano por los contrafuertes.
Es la tierra de recuerdos, de los 16 años de mi convivencia, aunque hoy no vivo en la tierra de mis encantos, siempre me he sentido muy carapino. Creyendo que Carapo es la villa de nuestros amores. Categoría que alcanzaron los carapinos por su buen manejo del castellano, correcto y fluido. Mejor decirlo ladinos como en la expresión colonial. Es la tierra de “la costa chica” por su clima y la abundancia de sus recursos. No sólo ello, nos dicen arrogantes, antipáticos, pero muy enamoradores, directos y correctos. Por todo ello es la envidia de los pueblos de la provincia de Huancasancos.
De mi nacimiento hasta los dieciséis años viví en ella. Fueron los años de mi inocencia y la felicidad de mi vida que conllevo en el fondo de mi corazón. Recuerdo, mas las cosas que hice y las personas que conocí, mi primaria y tempranos amoríos de niño. Vivir alejado en tierras que no me pertenecen y que a veces me incomodan acentúa con énfasis mis recuerdos y el amor que conllevo por la tierra que me vio nacer. Por todo ello vivo convencido que la mejor suerte es ser carapino. Mi idea de carapo, entonces, tenía que ver con el dominio de los chankas, pueblos rebeldes, guerreros que se enfrentaron a la expansión cuzqueña, aunque esto fue equivocadamente comprendido por sus habitantes, quizá hasta los tiempos actuales. Pero en mi condición de Historiador he dedicado y dedico la mayoría de mis investigaciones sobre mi pueblo, que por ello he alcanzado demostrar con las fuentes documentales inéditas que mi tierra no es propio de la dominación Chanka, si no fue el dominio de los Lukana-andamarkas parte de esta macro etnía que ocupaba el sur de Huamanga.
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El pueblo en la que nací, Carapo, situada en la provincia de Huancasancos de la región de Ayacucho, esta en una quebrada del quechua peruano, es célebre por su espíritu católico y su belleza geográfica, por sus paisajes acogedores y el encanto de su clima abrigador. Es fresca sus mañanas, cálido sus días y sus tardes es con suave viento. Además es la tierra protegida por sus celosos wamanis: el willkarama, el kano y el chuququ, cerros elevados que mantienen en sus profundidades el verdor de sus campos, sus árboles frutales, sus ríos; el qillumayu y el hatunmayu que atraviesan por los huaycos silenciosos dando su encuentro en el Paqchapunku, una catarata donde sus noches son bulliciosos, por las penas de sus almas desaparecidas y de allí desde este tincuq fluyen las aguas unidas por los senderos abiertos, formando en el lejano curvas torrentosas que se va perdiendo a lo lejano por los contrafuertes.
Es la tierra de recuerdos, de los 16 años de mi convivencia, aunque hoy no vivo en la tierra de mis encantos, siempre me he sentido muy carapino. Creyendo que Carapo es la villa de nuestros amores. Categoría que alcanzaron los carapinos por su buen manejo del castellano, correcto y fluido. Mejor decirlo ladinos como en la expresión colonial. Es la tierra de “la costa chica” por su clima y la abundancia de sus recursos. No sólo ello, nos dicen arrogantes, antipáticos, pero muy enamoradores, directos y correctos. Por todo ello es la envidia de los pueblos de la provincia de Huancasancos.
De mi nacimiento hasta los dieciséis años viví en ella. Fueron los años de mi inocencia y la felicidad de mi vida que conllevo en el fondo de mi corazón. Recuerdo, mas las cosas que hice y las personas que conocí, mi primaria y tempranos amoríos de niño. Vivir alejado en tierras que no me pertenecen y que a veces me incomodan acentúa con énfasis mis recuerdos y el amor que conllevo por la tierra que me vio nacer. Por todo ello vivo convencido que la mejor suerte es ser carapino. Mi idea de carapo, entonces, tenía que ver con el dominio de los chankas, pueblos rebeldes, guerreros que se enfrentaron a la expansión cuzqueña, aunque esto fue equivocadamente comprendido por sus habitantes, quizá hasta los tiempos actuales. Pero en mi condición de Historiador he dedicado y dedico la mayoría de mis investigaciones sobre mi pueblo, que por ello he alcanzado demostrar con las fuentes documentales inéditas que mi tierra no es propio de la dominación Chanka, si no fue el dominio de los Lukana-andamarkas parte de esta macro etnía que ocupaba el sur de Huamanga.
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