martes, 20 de octubre de 2009

EL NOMBRE DE CARAPO

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En la banda derecha del río Qaracha (Qatun mayu) sobresale el distrito de Carapo, de la provincia de Huancasancos en la región de Ayacucho, bordeado por el río Qillumayu, que transcurre por la zona baja, desembocando en el río Hatun mayu.

El significado y la comprensión de su nombre siempre a sido tema de mucha polémica, irresuelto y dentro de este debate destaca el planteamiento del Historiador Folklorista Víctor Navarro del Águila quien sostiene que el nombre de Carapo proviene de la palabra quechua Kcala que quiere decir desnudo (Karapu=Kcala, desnudo) que viene ser empleado desde tiempos del Inka (1). Por otro lado el antropólogo Félix Huamaní Oré sostiene que el nombre de Carapo se explica con la propia expresión de los propios carapinos quienes se aproximan encontrar el origen de la palabra quechua Ccarapa que significa choclo y haba verde en proceso de maduración. Se dice que este nombre fue puesto por una mujer que había llegado al pueblo en una época cercana a la cosecha, quién impresionada por la magnitud de la producción de maíz y haba llamó Ccarapa, con el tiempo el Vocablo se castellanizó concluyendo en el nombre actual de Carapo, posiblemente empleado desde el proceso de las reducciones” (2) Además el profesor Oscar Tumbalobos, considera que el nombre proviene del término Qara, que significa cuero. Esta idea nace del conflicto que los carapinos enfrentaron a los lucanamarquinos en defensa de sus territorios, donde los carapinos según el comentario de los lucanamarquinos habían utilizado cueros, como protectores, elaborando especie de corazas, por ello esta denominación posteriormente pasó constituirse nombre del pueblo (3).

Las consideraciones son muy distantes, que no alcanzan corroborarse en aclarar y brindar una explicación más sólida acerca del nombre del pueblo. Desde luego también quiero ser parte de este debate intentando aproximarme explicar sobre el nombre de Carapo.

Con el avance de mis investigaciones que he dedicado los últimos tiempos, principalmente basándome en las fuentes archivísticas, llegué a la conclusión que el actual distrito de Carapo, es resultado de una reducción que se desarrolló durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo. Donde fundamentalmente a la llegada de los españoles el actual territorio de Carapo era parte y estaba ocupado por los Lukana-Andamarkas. Sus poblaciones antiguas (Ñaupallaqtas) se pueden ver actualmente en la parte alta de los cerros principales del pueblo de Carapo. Es decir los indígenas Lucanas-Andamarcas para 1570, continuaban poblando en las partes altas, a la cumbre de los cerros, en Kano, Willkarama, Qulqi Takana, poblados indígenas donde sus ciudadelas estaban casi siempre fortificadas y construidas en las partes altas, en las cumbres de los cerros, con casas de forma circular, construidas a base de piedras irregulares poligonales labradas por las caras exteriores, la argamasa que le unía era de arcilla, cal y arena molida, mientras la parte interna de las casas estaban sin pulimentar, con muros de doble pared, puerta en su mayoría trapezoidal y un dintel con bloque rectangular. Las casas cilíndricas estaban aisladas una de otras, en la parte superior de las paredes establecieron una o dos ventanas para la aireación y la observación, por lo común eran de un solo piso y sola habitación con techos de ichu y maderas de la zona, con un diámetro de 2m a 2.50m poco angosto para una familia extensa, por ello se sostiene que los Lucanas-Andamarcas construyeron sus casas solamente refugios para la noche e inviernos frígidos, mientras la mayor parte de sus vidas pasaban en los campos agrícolas y ganaderos. Se observan pasadizos, pero tenían un lugar céntrico a lo que podemos llamarlo plaza para sus fiestas o reuniones, se pueden considerar que las construcciones cilíndricas hayan servido para los entierros como también sus construcciones en las partes altas se emplearon para la conservación de sus granos y tubérculos.

Entonces puesto en marcha el proceso de las reducciones, las poblaciones que vivían en las cumbres fueron reducidas a las zonas bajas. En este caso los Lukana-andamarkas fueron reducidos a una zona baja, profunda y poco plano donde se fundó el pueblo de Huamanquiquia, donde también fueron llevados los habitantes de Kano, Willkarama y Qulqitakana. Todos juntos vivieron aproximadamente quince años, posteriormente los habitantes de estas zonas mencionadas empiezan presentar sus quejas por las pocas tierras que controlaban en Huamanquiquia, posiblemente por estar mucha población reducida en esta zona, por lo tanto los habitantes antiguos de Kano, Willkarama y Qulqitakana piden a las autoridades coloniales para que vuelvan poblar sus antiguas tierras, que eran las inmediaciones del actual río de Qillumayu y Hatun mayu, todo lo que es actualmente tierra del pueblo de Carapo.

Este grupo logran ser aceptados para poblar las zonas bajas de Kano, Willkarama y Qulqitakana, principalmente en una quebrada de abundantes vegetaciones y tierras fértiles. Este retorno se desarrolló a fines de mayo, donde en la quebrada fértil los cultivos estaban como indica Huamaní Oré en pleno proceso de maduración, que en la expresión carapina se denomina Qarapa. Por lo tanto como habían decido establecerse es esa quebrada lo denominaron Qarapaq pampa (terreno plano donde los cultivos esta en proceso de maduración). Allí se fundó una población «en forma de pueblo de españoles, con su iglesia, plaza, casas de cabildo y de sacerdote; carcel, hospital, y todo lo demas necesario dando y preparando a cada indio trubutario, viejos, viudas y huérfanos sitios y solar donde hagan y tengan sus casas de habitación y estén todos juntos congregados, y sean doctrinados las cosas de nuestra sante fé católica y se les administren los santos sacramentos por su cura haciendo cerca de la reducción y población la que comienza al servicio de Dios nuestro señor y de su magestad y buena conservación de los naturales y no le dejeis de lo asi cumplir por alguna manera, so pena de quinientos pesos de oro para la cámara de su magestad fecha en los reyes a primero dias del mes de junio de 1587 años» (4).

De esta manera surgió un poblado de estilo español, denominado primeramente Qarapaq pampa, luego dentro de la castellanización se denominó Qarapa o Qarapo, finalmente quedando denominado como Carapo. Pueblo fundado por los españoles, como indica las fuentes el primero de junio de 1587.

Este planteamiento corrobora el intento que desarrolló el antropólogo Huamaní Oré, que la denominación en este caso no fue por una mujer que llego al Qarapaq pampa, más bien fue dado por los propios habitantes que se trasladaban de Huamanquiquia a sus antiguos dominios. Por ello también es posible pensar que la pampa como su dominio antiguo de los Lukana-andamarkas ya habría sido denominado Qarapaq pampa desde tiempos anteriores a la dominación de los españoles. Es decir cuando la sociedad de los Lukana-andamarkas estaba bajo el control del imperio Inka.

NOTAS:

(1) NAVARRO DEL AGUILA, Víctor
1983 Las tribus de Ancku Wallokc. Ediciones Atusparia. 2da.
edición. Lima.
(2) HUAMANÍ ORÉ, Félix
1978 Carapo: de la parcialidad de los andamarcas a una
comunidad rural de Víctor Fajardo. UNSCH: Tesis de Lic.
Ayacucho.
(3) TUMBALOBOS, Oscar
2003 Origen y Fundación de Carapo. Huancasancos.
(4) Titulo de Carapo. Además Títulos de Huamanquiquia, Carapo y Guambo. (Tomado del archivo COFOPRI)





CUENTOS CARAPINOS

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BANQUITO

“A los maqtillus de la comunidad de carapo,
que aún siguen corriendo con el sombrero
en la mano y el pelo rebelde agitado en
los campos comunales de Pastoqata. A los
comuneros de los dos barrios de Carapo,
a quienes los conllevo con ternura, fe y esperanza”.

¡Ay malaya vida! waychaw, tu canto madrugador es malagüero, pronuncia la desgracia. Ya, ya deja de cantar, no hagues que en mi corazón crezca la pena.

El cielo amanecía negro, ya casi sin luz, nublado. En las praderas verdes, en el filo de los cerros lejanos amanecían las nubes, el Paqchapunku como un suave algodón se tendía por todas partes ocultando el frígido campo y los animales. Ya casi empezaba la mañana con aguacero, algunos maqtillus ya se dirigían al Pastoqata, doña María ya paseaba mirando sus vacas, espantando los yutus (perdices) madrugadores que desenterraban los maíces recién sembrados.

El cielo negro no asustaba. Era alegre la mañana, las tuyas cantan alegres en los duraznales, los zorzalitos picoteando a la húmeda tierra con sus afilados picos atrapan lombrices. Por todo los caminos los comuneros de dirigen a sus quehaceres, desde lo alto del cerro, se ve el pueblo entero. Yo como un halcón desde la cumbre percibía el anchuroso campo abierto y desde luego oí el melódico silbido de un muchacho enamorador; era Arístides, tan apresurado se aproximaba a Qotawatiri, el también venía en busca de sus toros al Pastoqata, cerro común del pueblo. Arístides es el único: el lorito de la quebrada, bullicioso, amigo de los maqtillus, tiene el silbido distinto, es propio, fuerte, desde los cerros lejanos es claro.

Desde Qala qala miré a todas las afueras de Carapo, de lado a lado, hasta donde alcance la vista. El pueblo es humilde y pobre. Es lastimero verlo desde la cumbre, estuve buen rato pensando, mirando el verdor del campo sembrado, de los maizales que empezaba a jugar con los vientos, el griterío de los toros, los ecos bulliciosos del Paqchapunku y aún a lo lejos Arístides siguió silbando. El huayno y el carnaval carapino, como si fuese en febrero, pero el acostumbra hacerlo, es variado, los comuneros, los niños lo saben, es todo un maestro y seguirá despertando a las blanconas carabinas con el silbido enamorador.

Era en diciembre, cuando el sembrío de los maizales terminó. El campo era verde, algunas chacras recién arados y en los otros los maizales empezaban germinar. En este último mes del año, el sembrío es en las qochkas, en las tierras regadas por las lluvias, en los campos donde no alcanzan las aguas del Waqrayuy y el Ñawin; se siembra la cebada y el trigo.

En esa mañana, como los otros niños del pueblo estuve en Pasto qata, buscando desde el primer luz del día al Huayrunguito y Banquito nuestros toros que tenía que llevarlos para arar en Supón quruy.

El campo estuvo húmedo, suave, resbaladizo hasta las tayas y los ichus se arrancaban de sus raíces, hasta las galgas brincan con el calentar del Qoni inti (tibio sol) por lo que en estos parajes el bastante el aguacero.

Me sentía ágil, retozón. Llegué a todas partes donde los toros había para reconocerlos. Al Huayrunguito toro negro tan difícil de reconocerlos, a primera vista por que tantos toros había, era necesario verlo de cerca. Lo encontré en el Kano pata, ese pequeño peñasco, barranco grande, estaba solo, miraba a todas partes, parecía confundirme. Mirando me quedé, mirando a sus ojos al Huayrunguito, su mirada quemaba como el sol de medio día en junio, lagrimeaba sus ojos, alumbraba el cariño con odio, parecía decirme algo. Siguió mirándome, sus ojos negros chispearon de descontento, lo miraba como aún hermano grande. Con respeto. Levantó su mirada por todas partes y se fue caminado por entre las tayas.

El cielo se hizo mas claro, las nubes se elababan con el calentar del tayta inti e iban poniéndose más blanco, empezaba calentar el mundo en lo alto del Kano y brillaban como espejitos. Las falderías, las quebradas se veían más claros. Seguía caminando, pensé por algún momento que banquito estaría cerca del Huayrunguito por que estuvieron siempre juntos desde que eran becerros y ahora que eran toros grandes siguieron siendo como hermanos, nunca se pelearon, defendieron a su manada de otros toros y el banquito era un toro peleador. No pude encontrarlo, hasta el sol estuvo en lo alto del cielo, calentaba más y se iba la mañana. Corrí por todas partes, el Pasto qata estaba en silencio, por que los otros toros buscaban la sombra de los árboles para pasar el sofocante calor del día.

¡Banquito, banquchallay! Donde estarás, seguí corriendo con el sombrero en la mano y el pelo rebelde agitado.

Banquito era un becerrito mañoso, había nacido en las alturas de Atancera, tres días antes de mi segundo cumpleaños, en febrero donde los comuneros de Carapo los pasan en sus estancias con sus vaquitas desde los fines de diciembre hasta abril, recién cuando las heladas caen y los pastos marchitos amarillentos escasean, los comuneros retornan al pueblo con sus ganados para hacer comer las chaladas en sus chacras.

Esa mañana frígida, muy temprano su madre había venido, mugía desde la pata como si estuviera llamando o despertándolo, al oír el primer mugido el becerro empezó a berrear como si diría estoy aquí madre. Esa misma mañana me lo regalaron en mis cumpleaños al becerro recién nacido. Banquito yo lo llamé cuando aún no podía pronunciarlo blanquito, aunque sea una confesión poco curiosa, con ello lo llamamos, ahora me doy cuenta que sus animalitos para los comuneros es como un establecimiento de crédito (banco) llegado a sus cuatro o cinco años los venden sus toros para adquirir sus diferentes necesidades, para eso los cuidan, por que con ello se come el pan, el arroz, se compra el kerosén, el fósforo, también sus ropas.

Ahora el banquito era un toro grande, blanco con algunas manchas negras en el lomo, era la última vez que haya ido a buscarlo en el Pasto qata, era diciembre, la mayoría de los comuneros ya habían terminado sembrar en sus chacras, también a nosotros nos faltaba la última siembra en el Supun quruy, esa chacra donde se siembra en esos meses cuando la tierra haya sido regado por las lluvias. Toda la mañana no pude encontrarlo.
Estaba rabioso, como nunca, mi cuerpo se había calentado y sudaba. Cuando de pronto en lo alto del Quñani empezaron volar algunos cóndores, volaban cada vez más cerca de mí, como si estuvieran rondándome.

Volví a la cumbre de ese cerro grande Kano pata donde había encontrado al Huayrunguito como la tierra estaba suave noté algunos rastros, tenía miedo u sudaba más, era una quiebra profunda el terreno, un barranco, en esa parte había un atolladero de ichus, parecían arrancados, sobre las rocas habían quedado pelos blancos, atiné a quedarme parado, cabizbajo, triste, medroso, banquito habría caído al barranco alcanzando a los ichus. Me eché a correr, cuesta abajo, el banquito estaba echadito sobre los pedregales de ese huayco, me quedé mirando largo rato, frente afrente, en silencio.

Wamani tu que eres dueño de tus animales te lo llevas a mi banquito, no tendremos plata, no compraremos nada: ni pan, ni arroz, ni fósforos, ni ropas, nos quedaremos mirando a los otros que toman chocolatada en 25 de diciembre. Tampoco sembraremos en Supunquruy. ¡Qanra karajo! Maqtillu que llora no sirve, tenía todos los hueso rotos, el lomo estaba despellejado, rasmillado, sangraba por su nariz, sin el cuerno derecho, se habría quedado en ese barranco entre los ichus.

En el cielo de Carapo brillaba el sol, el cielo estaba casi despejado con algunas nubes extendidas sobre los cerros, se movían tranquilos, los zorzales y otros pajaritos de ese huayco gritoneaban sobre las chillcas, sobre las espinas, se perseguían aleteando saltando en las tastas, en las tayas de ese huayco y en lo alto del cielo poco despejado siguió volando una pareja de cóndores.

¡Ay banquito, bancuchallay! No pude detenerme, me eché al cuello blanco del banquito y lloré como nunca en mi vida, su cuerpo caliente, su olor a ichu fresco se acababa de poco a poco junto con mi alegría. Me abrace a su cuello, puse mi cara sobre su lomo ensangrentado y empecé a morirme a su lado creyendo que el frío que le entraba a su cuerpo iban llegar hasta mis venas, hasta la luz de mis ojos. ¡ay malaya vida!

Waychaw tu que cantas, tu canto será malaguero por siempre.
CARAPO: ENCANTO DE ORGULLO

Davidquichua.blogspot.com

El pueblo en la que nací, Carapo, situada en la provincia de Huancasancos de la región de Ayacucho, esta en una quebrada del quechua peruano, es célebre por su espíritu católico y su belleza geográfica, por sus paisajes acogedores y el encanto de su clima abrigador. Es fresca sus mañanas, cálido sus días y sus tardes es con suave viento. Además es la tierra protegida por sus celosos wamanis: el willkarama, el kano y el chuququ, cerros elevados que mantienen en sus profundidades el verdor de sus campos, sus árboles frutales, sus ríos; el qillumayu y el hatunmayu que atraviesan por los huaycos silenciosos dando su encuentro en el Paqchapunku, una catarata donde sus noches son bulliciosos, por las penas de sus almas desaparecidas y de allí desde este tincuq fluyen las aguas unidas por los senderos abiertos, formando en el lejano curvas torrentosas que se va perdiendo a lo lejano por los contrafuertes.

Es la tierra de recuerdos, de los 16 años de mi convivencia, aunque hoy no vivo en la tierra de mis encantos, siempre me he sentido muy carapino. Creyendo que Carapo es la villa de nuestros amores. Categoría que alcanzaron los carapinos por su buen manejo del castellano, correcto y fluido. Mejor decirlo ladinos como en la expresión colonial. Es la tierra de “la costa chica” por su clima y la abundancia de sus recursos. No sólo ello, nos dicen arrogantes, antipáticos, pero muy enamoradores, directos y correctos. Por todo ello es la envidia de los pueblos de la provincia de Huancasancos.

De mi nacimiento hasta los dieciséis años viví en ella. Fueron los años de mi inocencia y la felicidad de mi vida que conllevo en el fondo de mi corazón. Recuerdo, mas las cosas que hice y las personas que conocí, mi primaria y tempranos amoríos de niño. Vivir alejado en tierras que no me pertenecen y que a veces me incomodan acentúa con énfasis mis recuerdos y el amor que conllevo por la tierra que me vio nacer. Por todo ello vivo convencido que la mejor suerte es ser carapino. Mi idea de carapo, entonces, tenía que ver con el dominio de los chankas, pueblos rebeldes, guerreros que se enfrentaron a la expansión cuzqueña, aunque esto fue equivocadamente comprendido por sus habitantes, quizá hasta los tiempos actuales. Pero en mi condición de Historiador he dedicado y dedico la mayoría de mis investigaciones sobre mi pueblo, que por ello he alcanzado demostrar con las fuentes documentales inéditas que mi tierra no es propio de la dominación Chanka, si no fue el dominio de los Lukana-andamarkas parte de esta macro etnía que ocupaba el sur de Huamanga.